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Nieves Moreno Gallardo

......CUANDO LA DEFENSA ES SÓLO APARIENCIA

Diario Jaén

Lunes 20 de diciembre de 2009

Desde Jaén. Me indigna la actitud prepotente que ejercen, tanto ciertos jueces como fiscales, frente a los representantes legales de la inmensa mayoría de acusados. Ejercer la abogacía supone impotencia en aplicación del derecho tantas veces retorcido.

Acudir a una sala cualquiera de este Jaén dicharachero, donde el juicio se establece fuera de la misma, es un tanto sorprente, y así es considerado por el 90% de los abogados cuando afirman la entelequía que sufre la justicia.Personalmente opino -por lo que creo- que, al margen de nuestro derecho a ser representados legalmente durante un juicio, éste no puede ser arbitrario o basado en sospechas infundadas. Para que se pueda realizar un juicio oral debe haber pruebas incriminatorias que demuestran aquello que se imputa. De lo contrario, no sólo el abogado se ve incapacitado para ejercer su vocación, sino que el acusado es prejuzgado con anterioridad al juicio, lo que sin duda alguna produce indefensión al carecer de la tutela judicial efectiva, contemplada en nuestra Constitución. Pero claro, ante tales evidencias ¿para qué se necesita un abogado?. Y esta es la pregunta del millón. Un abogado es el mejor instrumento para evitar injusticias, pero cuando estas se encuentran preestablecidas se convierte en una persona frustrada que ve, siente y padece, junto a su cliente, la malograda justicia implacable que cae cual espada de Damocles. En un país en el que justicia,  poder judicial, guarda una estrecha relación con el legislativo, y el ejecutivo es mera herramienta de uso, la separación de poderes de Derecho moderno es sólo una ilusión, un espejismo. Utilizar este concepto demagógicamente para alcanzar la credulidad de los ignorantes es un auténtico descabello de valores. Lo conveniente, en ningún caso, puede ser lo correcto porque el ser humano es imperfecto. Tanto es así que intèrpretes y acusados son seres humanos ¿o no?. Por esta razón, errores mil se producen sin poder aliviarse o ser rectificados a tiempo. Porque otra cosa que obliga a acatar el error es el tiempo y la forma. Dos términos que respaldan decisiones, aunque sean injustas, como muros infranqueables. Así las cosas, pienso que los abogadoss, en su gran mayoría, ejercen una labor encomiable frente a los múltiples resquicios legales por donde se cuelan los más impresentables personajes que abogan por el castigo para salvaguardar su "estatus". Considero pues que el ser culpable o no es lo de menos. Lo verdaderamente importante es encontrar al ingenuo de turno que cargue con la culpa, de manera que el ejecutivo se cuelgue una cuantas medallitas, y el judicial, siguiendo de cerca el legislativo, puede hacer ver a la sociedad lo significativo de su encomienda, esto es, hacer justicia a costa de lo que sea. Si lo que sea es para bien, correcto. Pero si lo que sea es para mal, inmediatamente pasa a convertirse en un error, error que infructuosamente ha intentado subsanar el abogado defensor al que las demás partes del proceso hacen caso omiso, a no ser que el inculpado sea un personaje público, alto cargo,rico o famoso.

Manuel A. Poisón Almagro

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