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Nieves Moreno Gallardo

Los jueces -y las juezas aún más- saben la mentira sobre violencia de género, pero callan para mantener la farsa



    Domingo, 10 de agosto de 2014
    Número: 4.457

Hispanidad

Los jueces -y las juezas aún más- saben la mentira sobre violencia de género, pero callan para mantener la farsa

25/07/2014> en Enormes minucias

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Me lo cuentan dos juezas, una de ellas dedicada a la violencia de género. Les resumo su mensaje: Esto es un pitorreo. La inmensa mayoría de los casos que me llegan son denuncias falsas. Pero poco puedo hacer.

Esta es la verdad sobre la ley contra la violencia de género, una ley inicua montada sobre una gran mentira o, si lo prefieren, una formidable exageración, que explota los instintos de venganza de todas las desaprensivas que en el mundo lo han sido, así como todas las aprovechadas que pululan por Iberia.

¿Tiene algo que ver este testimonio con lo que expele la televisión y repiten nuestros diputados y diputadas? No, por supuesto.

Ahora, en un nuevo capítulo de la estafa feminista, la ministra Ana Mato (en la imagen), tan sensible a las reivindicaciones feministas, ha acordado con las autonomías que el Estado proporcionará una casa de acogida en 24 horas a toda mujer maltratada. Menudo coladero para listillas. Claro que se debe proporcionar un cobijo a la maltratada, pero no cuando hemos llegado al extremo al que hemos llegado, donde los abogados aconsejan a la mujer que se quiere divorciar que alegue violencia de género.
En esto de la violencia de género todos mienten y la coincidencia en las mentiras crea estereotipos que se venden como verdades incuestionables

Además, unas de las aberraciones de la ley, aprobada por PP y PSOE, es que, sin diligencia, previa, con la sola acusación, generalmente falsa, de la mujer, la policía llega al hogar familiar y se lleva detenido al varón. Con ello se consigue que el varón no necesita un techo: ya tiene el de la celda de comisaría.

En esto de la violencia de género todos mienten y la coincidencia en las mentiras crea estereotipos que se venden como verdades incuestionables. Verdades palmarias que nadie osa discutir: corren peligro de muerte social o de ser tildados de machistas y fascistas. Recuerden la autocrítica que tuvo que hacer Tony Cantó (para una vez que un político dice algo políticamente incorrecto), que recordaba a aquellas feroces autocríticas del leninismo donde, con un poco de suerte, salvabas la vida pero te convertías en un apestado de por vida.

Nadar contracorriente exige mucho coraje. Pero es necesario.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com

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